| Rosa Quiñones Angulo, en el evento de cierre y premiación del certamen futbolero |
En una sociedad como la colombiana, marcada por una extraordinaria diversidad de culturas, colores de piel, costumbres, edades y maneras de entender la vida, todavía existen profundas brechas que muchas veces terminan separando a las personas. Sin embargo, en medio de esas diferencias también surgen mujeres y hombres que entienden que la diversidad no debe ser motivo de división, sino una oportunidad para construir comunidad.
Una de esas mujeres es Rosa Quiñonez Angulo, líder
social y promotora de procesos de integración comunitaria, quien desarrolla su
labor al frente de la Fundación Mecedora de Mis Ancestros, una
organización que tiene entre sus propósitos promover la integración racial,
cultural y social y contribuir a que personas de diferentes orígenes puedan
encontrarse, reconocerse y convivir como integrantes de una misma sociedad.
| Sara E. Castillo Psicóloga Fundación |
Una fundación que abre las puertas a todos
La labor de la Fundación Mecedora de Mis Ancestros trasciende la integración de la población afrodescendiente. En su propósito social también tienen cabida comunidades indígenas pertenecientes a las diversas culturas colombianas, población con discapacidad, comunidades Rom y personas desplazadas por la violencia que durante décadas ha golpeado diferentes regiones del país.
| Wilson Salazar Integrante etnia embera |
| Otelo Salazar Integrante etnia embera |
Se trata, por tanto, de una apuesta por la inclusión. Una apuesta que busca que quienes históricamente han enfrentado discriminación, exclusión, desplazamiento o dificultades para acceder a oportunidades encuentren un espacio de reconocimiento, participación y solidaridad.
Y detrás de esta labor existe también una familia.
Rosa no realiza este trabajo sola. Sus hijos la acompañan en
las diferentes tareas y actividades de carácter social que desarrolla la
Fundación. De manera especial, sus dos hijas, profesionales en Psicología,
ponen sus conocimientos y sensibilidad al servicio de las personas y
comunidades que participan en estos procesos. Sus hermanos también hacen parte
de este esfuerzo familiar, acompañando a Rosa en una tarea que parece haberse
convertido en una verdadera vocación de servicio.
| Rosa Quiñonez Angulo Directora fundación Mecedora de mis ancestros |
Así, la Fundación no solamente representa un proyecto social: también es una expresión de solidaridad familiar. Una familia que ha decidido poner parte de su tiempo, sus capacidades y sus conocimientos al servicio de otras personas.
El fútbol como encuentro y no como división
Una de las expresiones más recientes de esta filosofía se
vivió con la realización de un campeonato de fútbol interracial y cultural, como parte integral del proyecto2795: una experiencia en la que el deporte sirvió como punto de encuentro entre
personas de diferentes razas, culturas, edades y condiciones.
La actividad llegó a su culminación en el barrio Casa de
San Carlos, donde, en la sede de la Junta de Acción Comunal, se realizó el
acto de cierre y premiación de los participantes.
Pero antes de entregar los reconocimientos hubo otro elemento que hizo especial aquella jornada: una deliciosa cena típica de la cocina del Pacífico colombiano, que permitió compartir no solamente los alimentos, sino también una parte de la riqueza cultural que representa la tradición gastronómica de esta región del país.
| Una exquisita cena pudieron degustar los asistentes. |
Y entonces ocurrió algo que quizás resume mejor que cualquier
discurso, el propósito de Rosa y de la Fundación.
Todos fueron premiados.
No solamente quienes marcaron más goles. No solamente quienes llegaron a la final. No solamente quienes resultaron vencedores en la competencia deportiva.
Fueron reconocidos todos los participantes por haber hecho
parte de un proceso de integración ciudadana.
Personas de diferentes colores de piel, edades, procedencias
y culturas recibieron un reconocimiento por algo mucho más importante que ganar
un partido: haber compartido como comunidad.
Cuando todos ganan
Ese gesto tiene un enorme significado.
En una competencia deportiva tradicional hay ganadores y
perdedores. En la experiencia promovida por la Fundación Mecedora de Mis
Ancestros, en cambio, la verdadera victoria estuvo en encontrarse con el otro.
El niño y el adulto; el afrodescendiente y el mestizo; quien
llegó de otra región y quien nació en Bogotá; la persona con una cultura
diferente y aquella que tiene otras costumbres. Todos pudieron ocupar el mismo
espacio, compartir la misma cancha y participar de una misma celebración.
El fútbol dejó entonces de ser únicamente un deporte para
convertirse en un lenguaje común.
La cancha se transformó en un territorio de encuentro y la
premiación en un reconocimiento a la convivencia.
Una familia al servicio de la comunidad
La historia de Rosa Quiñonez Angulo también permite recordar
que detrás de muchos procesos sociales existen familias que, silenciosamente,
dedican tiempo y esfuerzo a servir a los demás.
En este caso, sus hijos, sus hijas y sus hermanos acompañan
una labor que busca tender puentes donde existen diferencias y abrir espacios
donde otros encuentran barreras.
Sus hijas, desde su formación profesional en Psicología,
aportan una mirada particularmente importante para acompañar a personas y
comunidades. Y junto con sus hermanos participan de las actividades que
permiten que la Fundación mantenga vivo su propósito.
Es una labor que combina familia, profesión, cultura,
solidaridad y compromiso social.
Rafael Uribe Uribe: territorio de diversidad
| Ana María Castillo Secretaria fundación |
Todo esto adquiere una dimensión especial cuando ocurre en Rafael Uribe Uribe, una localidad de Bogotá caracterizada también por la diversidad de sus habitantes y por la presencia de comunidades provenientes de diferentes regiones del país.
Allí, en los barrios, en las sedes comunales, en los
escenarios deportivos y en los espacios de encuentro, con el apoyo del gobierno local, se construye diariamente
una sociedad que todavía tiene muchos desafíos, pero que también cuenta con
personas dispuestas a trabajar por una convivencia más incluyente.
Rosa y la Fundación Mecedora de Mis Ancestros hacen parte de esa historia comunitaria.
Su trabajo plantea una pregunta que vale la pena escuchar: ¿qué
pasaría si en lugar de mirar nuestras diferencias como razones para separarnos
comenzáramos a reconocerlas como parte de una misma riqueza colectiva?
.jpeg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario