lunes, 10 de agosto de 2026

Rosa Quiñonez Angulo: una mujer que hace de la diversidad un camino hacia la unidad

Rosa Quiñones Angulo, en el evento de cierre y premiación del certamen futbolero


En una sociedad como la colombiana, marcada por una extraordinaria diversidad de culturas, colores de piel, costumbres, edades y maneras de entender la vida, todavía existen profundas brechas que muchas veces terminan separando a las personas. Sin embargo, en medio de esas diferencias también surgen mujeres y hombres que entienden que la diversidad no debe ser motivo de división, sino una oportunidad para construir comunidad.

Una de esas mujeres es Rosa Quiñonez Angulo, líder social y promotora de procesos de integración comunitaria, quien desarrolla su labor al frente de la Fundación Mecedora de Mis Ancestros, una organización que tiene entre sus propósitos promover la integración racial, cultural y social y contribuir a que personas de diferentes orígenes puedan encontrarse, reconocerse y convivir como integrantes de una misma sociedad.

Sara E. Castillo
Psicóloga Fundación

En esta ocasión, su propuesta cuenta con el apoyo de la alcaldía local de Rafael Uribe Uribe por medio del proyecto 2795 del 2025 que busca fortalecer el ámbito deportivo de la localidad. Su propuesta parte de una idea sencilla, pero profundamente transformadora: que negros, blancos y personas de todos los colores puedan compartir en condiciones de equidad, respeto y dignidad, entendiendo que las diferencias hacen parte de la riqueza humana y no deben convertirse en barreras para vivir juntos y construir un mejor futuro.

          Una fundación que abre las puertas a todos

La labor de la Fundación Mecedora de Mis Ancestros trasciende la integración de la población afrodescendiente. En su propósito social también tienen cabida comunidades indígenas pertenecientes a las diversas culturas colombianas, población con discapacidad, comunidades Rom y personas desplazadas por la violencia que durante décadas ha golpeado diferentes regiones del país.

Wilson Salazar
Integrante etnia embera
Otelo Salazar
Integrante etnia embera

 
 

Se trata, por tanto, de una apuesta por la inclusión. Una apuesta que busca que quienes históricamente han enfrentado discriminación, exclusión, desplazamiento o dificultades para acceder a oportunidades encuentren un espacio de reconocimiento, participación y solidaridad.

Y detrás de esta labor existe también una familia.

Rosa no realiza este trabajo sola. Sus hijos la acompañan en las diferentes tareas y actividades de carácter social que desarrolla la Fundación. De manera especial, sus dos hijas, profesionales en Psicología, ponen sus conocimientos y sensibilidad al servicio de las personas y comunidades que participan en estos procesos. Sus hermanos también hacen parte de este esfuerzo familiar, acompañando a Rosa en una tarea que parece haberse convertido en una verdadera vocación de servicio.

Rosa Quiñonez Angulo 
Directora fundación Mecedora de mis ancestros

Así, la Fundación no solamente representa un proyecto social: también es una expresión de solidaridad familiar. Una familia que ha decidido poner parte de su tiempo, sus capacidades y sus conocimientos al servicio de otras personas.

El fútbol como encuentro y no como división

Una de las expresiones más recientes de esta filosofía se vivió con la realización de un campeonato de fútbol interracial y cultural, como parte integral del proyecto2795: una experiencia en la que el deporte sirvió como punto de encuentro entre personas de diferentes razas, culturas, edades y condiciones.

La actividad llegó a su culminación en el barrio Casa de San Carlos, donde, en la sede de la Junta de Acción Comunal, se realizó el acto de cierre y premiación de los participantes.


Pero antes de entregar los reconocimientos hubo otro elemento que hizo especial aquella jornada: una deliciosa cena típica de la cocina del Pacífico colombiano, que permitió compartir no solamente los alimentos, sino también una parte de la riqueza cultural que representa la tradición gastronómica de esta región del país.

Una exquisita cena pudieron degustar los asistentes.
La comida, la música, el deporte, la conversación y el encuentro terminaron convirtiéndose en una sola celebración de la diversidad.


Y entonces ocurrió algo que quizás resume mejor que cualquier discurso, el propósito de Rosa y de la Fundación.



Todos fueron premiados.


No solamente quienes marcaron más goles. No solamente quienes llegaron a la final. No solamente quienes resultaron vencedores en la competencia deportiva.

Fueron reconocidos todos los participantes por haber hecho parte de un proceso de integración ciudadana.

Personas de diferentes colores de piel, edades, procedencias y culturas recibieron un reconocimiento por algo mucho más importante que ganar un partido: haber compartido como comunidad.

Cuando todos ganan

Ese gesto tiene un enorme significado.

En una competencia deportiva tradicional hay ganadores y perdedores. En la experiencia promovida por la Fundación Mecedora de Mis Ancestros, en cambio, la verdadera victoria estuvo en encontrarse con el otro.

El niño y el adulto; el afrodescendiente y el mestizo; quien llegó de otra región y quien nació en Bogotá; la persona con una cultura diferente y aquella que tiene otras costumbres. Todos pudieron ocupar el mismo espacio, compartir la misma cancha y participar de una misma celebración.

El fútbol dejó entonces de ser únicamente un deporte para convertirse en un lenguaje común.

La cancha se transformó en un territorio de encuentro y la premiación en un reconocimiento a la convivencia.

Una familia al servicio de la comunidad

La historia de Rosa Quiñonez Angulo también permite recordar que detrás de muchos procesos sociales existen familias que, silenciosamente, dedican tiempo y esfuerzo a servir a los demás.

En este caso, sus hijos, sus hijas y sus hermanos acompañan una labor que busca tender puentes donde existen diferencias y abrir espacios donde otros encuentran barreras.

Sus hijas, desde su formación profesional en Psicología, aportan una mirada particularmente importante para acompañar a personas y comunidades. Y junto con sus hermanos participan de las actividades que permiten que la Fundación mantenga vivo su propósito.

Es una labor que combina familia, profesión, cultura, solidaridad y compromiso social.

Rafael Uribe Uribe: territorio de diversidad

Ana María Castillo
Secretaria fundación

Todo esto adquiere una dimensión especial cuando ocurre en Rafael Uribe Uribe, una localidad de Bogotá caracterizada también por la diversidad de sus habitantes y por la presencia de comunidades provenientes de diferentes regiones del país.

Allí, en los barrios, en las sedes comunales, en los escenarios deportivos y en los espacios de encuentro, con el apoyo del gobierno local, se construye diariamente una sociedad que todavía tiene muchos desafíos, pero que también cuenta con personas dispuestas a trabajar por una convivencia más incluyente.


Rosa y la Fundación Mecedora de Mis Ancestros hacen parte de esa historia comunitaria.

Su trabajo plantea una pregunta que vale la pena escuchar: ¿qué pasaría si en lugar de mirar nuestras diferencias como razones para separarnos comenzáramos a reconocerlas como parte de una misma riqueza colectiva?

No hay comentarios:

Publicar un comentario